“No lo reconocí. Con el pelo corto, sin bigote, la cara golpeada… como le faltan los dientes, dije ‘sí es’”, recuerda cuando el 10 de mayo pasado, “como milagro de Dios”, Catalina González Rosas, pudo visitar a su pareja, Felipe Álvarez, en el Penal de Altiplano (antes La Palma).
Inconsistencias jurídicas y abusos, a un año de la represión en Atenco
Viento de Libertad
Proyecto de documentación de los saldos de la represión política en México

Helio BARRAGÁN